Nadia Granados

CLEAN CAR, DIRTY CONSCIENCE

Texto por Nadia Granados

El poder fálico proyectado por múltiples objetos de consumo es reforzado míticamente por  relatos comerciales emitidos por la televisión, la forma en que son mostradas las cosas para hacerlas atractivas al consumidor de publicidad, como el resplandeciente brillo de  autos enormes y costosos,  evoca un poder asignado a lo masculino grandioso, resonante en sus caballos de fuerza, destellos aparecen opacados en  una camioneta inicialmente embadurnada completamente de tierra, medio de transporte todoterreno que puede ingresar en aquellos recónditos lugares en los que muchas veces se encuentran cadáveres abandonados. Este vehículo, tipo Pickup, de alto desempeño es conducido por un hombre que por medio de un megáfono realiza un interrogatorio con diferentes tipos de preguntas, como las de los cuestionarios para solicitar una VISA, una beca o un empleo hasta las que haría un marido machista y celoso. Las preguntas son emitidas sin una emoción particular, mientras tanto una mujer  imita una coreografía de  la fantasía sexual del Car Wash , en una precaria versión, ella esta vestida humildemente de ropa barata y blanca, que poco a poco  se despoja de su apariencia feminizada y se embadurna de la suciedad extraída del carro mientras un hombre desde la cabina de la camioneta le lanza preguntas como si el carro hablara, al  terminar su tarea de limpieza, el hombre la cubre con una bolsa negra, la levanta  y la introduce en el baúl y se la lleva conduciendo hacia un lugar desconocido.

Esta acción utiliza dos reconocidos clichés para referirse a las identidades binarias de genero, en la que lo masculino alude a la dominación, maquinaria y al abuso y lo femenino a una figura de subordinación, trabajo físico y complacencia silenciosa. La tierra evoca el lugar donde los cuerpos de lxs desaparecidxs son sepultados informalmente, una y otra vez el barro sobre la piel,  al finalizar la acción cuando ella es introducida en el auto y abandona el lugar de la performance, solo queda  la ropa embarrada en el espacio, como los residuos textiles mezclados con fragmentos cadavéricos que se encuentran en las fosas comunes que pueden dar pistas de lxs desaparecidxs.

Texto por Felipe Cáceres.

La aspiración ya verificada del exhibicionismo femenino de enseñar cada una de sus partes se ha convertido furiosamente en una categoría más de la industria de la carne. Es una cosa que se sabe: cuerpos-res degollada, horario prime time extendido y familiar. La idea de “lo femenino” independiente de sus determinaciones bio- lógicas (hembra) ha pasado a ser un delicioso alimento, agradable y económico, útil en cualquier circunstancia. Porque ¿qué son las pequeñas escorias del orden al lado de sus voluptuosas ventajas? Escotes, camisetas mojadas, planos en cámara lenta acentuando la curva atmosférica de un seno suave y bien modelado aunque un poco caído, faldas vertiginosamente subidas al borde de la entrepierna cubierta por lencería costosa y sensual, todo esto indispensable para estar a tono con ciertos estatus gráficos, con cierta mundana infantilización del erotismo que segrega a la mujer de una responsabilidad social más amplia. En este universo de euforia sorda, la popularidad enmascara el tugurio. Es una realidad tan profunda que impone a la vida su decorado y sus características, en apariencia, más sanas.

Baste ver la publicidad automotor de los comerciales televisivos. Una representación casi de guiñol se abre paso con clichés irreales, “más caballos de fuerza, más poder”. El carro es masculino y mitológico (imágenes de tornados y de relámpagos que deja a su paso, él es el tornado y el relámpago, todos los caballos y toda la fiereza) adquiriendo un valor de virtud soberbia e inútil sólo por la publicidad que se le confiere y por el capricho de ostentación triunfante, sofística, con altas dosis de fanfarronería cinematográfica que bien puede servir como portada para un catálogo de salchichas: “lleve su perro caliente que sube montañas.” Es un relato gnóstico de la fusión entre mecánica y naturaleza, de antropomorfismo sexual y siniestro que se manifiesta en los shows públicos que dispone para su limpieza.

Nadia Granados utiliza el kid de lavado –agua, una cubeta, un trapo, su cuerpo lentamente desnudado– y el carro mismo, a secas, que va formulando preguntas sutilmente agresivas usadas para la solicitud de visas, becas o entrevistas de empleo. El organismo humanizado de este vehículo adquiere todas las características del amo dominante y abusivo. La mulata latina lo limpia con el trapo sin decir una palabra de vuelta, operándose poco a poco en ambos un intercambio de flujos: la pureza de su piel se traslada a la acerada capa del vehículo hasta dejarlo en estado de gracia, mientras su propio cuerpo va enfundándose con la costra negra de la mugre quitada. Es uno de esos actos simples de tragedia mágica: transustanciación de los espíritus de la apariencia en donde la suciedad natural del auto empantana la belleza, la deforma, roba su esencia para adquirir un brillo de tapicería y un acabado de porcelana.

Nadia ha conseguido esta vez una figura completa. Su franqueza no se detiene púdicamente en ningún umbral ni en retóricas feministas autoproclamadas. La sugestión que provoca no es de ornamento. Es de hecho un rasgo constitutivo del arte de acción, abrir una cicatriz de imagen donde antes no había más que prejuicio, sin necesidad de Larousse que ilumine la metáfora.

Presentado en el festival RIAP en Québec (Canadá) durante el 2012, y luego como parte del proyecto Cabeza de ratón de la fundación Gilberto Alzate Avendaño, en Colombia, 2013, ganador además de la beca Franklin Furnace para creadores, en New York, Carro limpio, conciencia sucia es un retrato alusivo de aquella condición de inferioridad en la que todavía están las mujeres bajo relaciones jurídicas estereotipadas: el hombre sojuzga a la mujer reduciéndola a un mero órgano cardiaco, que bien puede ser compensado de las vejaciones recibidas siendo complaciente con el hombre-macho. Muchas latinas jóvenes se ven sometidas a cuestionarios-interrogatorio que nada tienen que ver con sus cualidades o sus calificaciones aprobadas, como si en lugar de una entrevista de trabajo se tratara de ir al ginecólogo, como si se postulara para ellas una condición parasitaria, una libertad aislada bajo la mirada exterior del hombre, desexualizándola.

Text in the RIAP festival catalog

“Birmanie Ouverture et/ou telérance. De Soi, de l’autre, du tissu et du corps politiques”

(BURMA Opening and/or tolerance. Of ourselves, of the other, of the political fabric and bodies)

2012

The closing night of the RIAP 17 edition, exclusively devoted to Burmese artists, promised to be a powerful night in regards to art conveying political claims. It was with great enthusiasm that we were waiting for this country, whose name evokes several political phenomena and whose exoticism is exacerbated by our western condescension. Nevertheless, while we had already been confronted by our own Canadian policies that denied the necessary visas to some of these artists, the evening that already promised interesting tinges, suddenly changed its color.

Seven of the performance artists that had previously performed during the preceding nights, kindly accepted the RIAP organizers’ proposal to offer a second performance under the theme of “Burma: opening and/or tolerance?” The purpose of this night was to reflect –through the different performances—on Burma’s specific situation and how this country is constructed within our imaginations.

“The personal is political”: This famous slogan of ‘60s feminism takes — in this context — new meanings that are not restricted to questions of gender. In our days, –and actually we could say the same thing about the ’60s, even if the feminists had made this sentence their motto– this slogan is not only used to refer to the feminist field but, in general terms, to the social and political fields. Since all the artists performing this night reflected on the relationship between the personal on one side, and public and political domains on the other; this famous slogan inevitably comes to our minds.

NADIA GRANADOS / In any case, this motto remains both for Nadia Granados and for La Fulminante Roja, a feminist motto. In her practice the Colombian artist explores the relationship between pornography and violence. She uses a body –her own– and hyper eroticizes it. By doing so, she manipulates the media and pornography codes. In a Latin American context that is traditionally chauvinist, where male power upon female bodies is shown in numerous ways, Nadia Granados claims that she speaks on behalf of Latin American womens’ bodies.

Opening the night, La Fulminante arrives to the garage inside a pickup truck covered by mud. The car is driven by a man who carries a megaphone. Walking on high heels, she looks for some soapy water and starts cleaning the vehicle. Performing the most provocative postures she slowly rubs the car, she climbs on it, she covers herself in mud and dirty water. As for the man with the megaphone, he is committed to a rigorous interrogation. From the very beginning the audience easily understands that what he is reading is a form of Citizenship and Immigration from Canada. However, by the end of the performance, the interrogation intensifies and the questions become more and more personal and outrageous. The artist –busy with her task–, doesn’t answer the questions. Her back is, by this time, uncovered, and she throws herself into a war to see who is the strongest: Her sexual allure or the intransigence we can guess behind the questionnaire?

For a time span of ten minutes or so, and by the use of stereotypes –which would be funny if they were not so critical– her performance is galvanized by its own sexual energy. This energy is the essence of Granados’ actions. It is in this way that she manages to create a particular unease within the spectator. By adopting this uncomfortable position –nurturing herself by which she is criticizing, transforming the female body into an object—Nadia Granados sets the tone of the evening: It is also necessary to denounce the Canadian policies.

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1 Comment

  1. ergfirnolikz July 25, 2018

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