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sobre la leche derramada. Cuerpo en Disolvencia.2013. Galería Pancho Fierro Lima Perú.

 

CUERPO EN DISOLVENCIA
flujos, secreciones, residuos / arte colombiano contemporáneo

Los trabajos reunidos en esta exhibición proponen una línea de lectura del arte colombiano de las últimas décadas. Aquí la noción de flujo afecta, transgrede o interpela a la noción de cuerpo, que se desplaza así desde la presencia y solidez con las que usualmente se coagula la consistencia material del ser humano hasta otro terreno, más difuso, dominado por la fluctuación, la inestabilidad y la impermanencia.

Esta noción de flujo (e incluso de volatilidad) es en sí extremadamente dúctil: puede emplearse para describir las formas de la nueva economía en el auge actual de los mercados financieros; o los flujos de las comunicaciones y flujos informáticos que hoy se conducen (o se filtran) con o sin cables; o los flujos de materia y energía que bien atraviesan una cadena trófica o participan de un ciclo de intercambios entre atmósfera, biomasa y corrientes acuáticas en el precario dispositivo ecológico del planeta; o hasta los enormes desplazamientos de migrantes, refugiados y exiliados, producto de las dinámicas sociales en las múltiples comunidades de un mundo en drástico conflicto y reconfiguración.

Sin embargo, enfocado dentro del ámbito biológico del cuerpo, algunas de estas cualidades se mantienen constantes: el cuerpo ha dejado de ser una realidad estable y resulta elusivo establecer sus funciones o sus límites. Particularmente en los últimos decenios, cuando una re-definición continua intenta seguir el paso a su incesante tecno-producción: formas de organización y gestión de la vida dentro del régimen biopolítico, potenciadas desde la irrupción de las industrias alimentaria y farmacéutica; la aparición de la cirugía ‘reconstructiva’ o ‘estética’; la dimensión bio-semiótica profundamente afectada por la manipulación de hormonas, genes y el campo apenas explorado de la escala nanométrica en medicina; o el aporte de la cibernética en la construcción de prótesis o bio-interfases que extienden o proyectan el cuerpo al campo de la virtualidad, haciendo mutar irreversiblemente la idea de ‘presencia’. La era del post-humano es también la era de la disolución del cuerpo. O, al menos, un tiempo que devela su frágil y mudable consolidación.

La exposición que se presenta recoge gran parte de las transformaciones recientes del arte en Colombia, de la mano de un contexto tan áspero como afable, pero sin duda intenso y efervescente como pocos. No obstante, un cuerpo en disolvencia no es un cuerpo en disolución. El término ‘disolvencia’ ha sido tomado aquí desde su uso extendido en programas de edición o post-producción digital, aludiendo a la transición de una imagen a otra. Procesos de transformación, desvanecimiento y desviación que se operan aquí desde una subjetividad no autónoma pero sí auto-determinada: capaz de tomar los medios de producción de su propia existencia, liberada de las formas de vida unidimensionales que, con algunas variaciones, son las subjetividades dominantes que se le proponen.

Aquí el cuerpo es, al fin y al cabo, multiplicidad y flujo. No solo porque es dudosamente una realidad —ni acotada, ni acotable—, sino porque el flujo es un espacio de posibilidad para lo real cada vez más amplio. Habría por ello que evitar oponer ambos términos: un flujo en el cuerpo es una suerte de metáfora política y social de algo que se origina o, más bien, de algo que se procesa en él. Como sustancia —ya negada o admitida, rechazada o reinscrita— habla de su extensión, de su vulnerabilidad e inconsistencia: siempre en movimiento interno y en interacción con el afuera.


Emilio Tarazona
(Curaduría e investigación)
Bogotá 2012 – Lima 2013.

 

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